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| Dr. Julio González Iglesias
Doctor en Medicina y Cirugía
Médico estomatólogo
Historiador
Madrid |
La respuesta de don Fernando Enríquez de Salamanca. Informe al ministro de Educación Nacional Ibáñez MartínA estas alturas, el toma y daca de los profesores Landete y Salamanca se había transformado en un choque de trenes entre dos personalidades fuertes, una con el viento a favor (Salamanca) y otra con el viento en contra (Landete).
De poco sirvieron sus argumentos contra los ocho cargos, ni los 17 comprobantes añadidos. Salamanca no se dejó convencer, antes bien, puede decirse que se tomó el asunto como cosa personal y envió un terrorífico informe al ministro, desmontando la estrategia de Landete y desacreditando sus avales.
La dureza del informe sólo puede compararse con la vertida en el expediente de otro profesor también depurado, don Teófilo Hernando,
Salamanca, en el preámbulo de su resolución, recuerda al ministro (Ibáñez Martín) que, con fecha 29 de septiembre de 1939, y a vista de los informes recogidos en el expediente previo (declaración jurada de Landete), propuso a ese ministerio la apertura de un expediente formal al catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense, don Bernardino Landete Aragó, lo cual fue admitido y ordenado con fecha 7 de noviembre de 1939.
En virtud de esa orden, le envió al encausado el pliego de cargos ya conocido por nosotros (que enumera), del cual saca las siguientes conclusiones:
Para empezar, dice, el doctor Landete intenta refutar varios cargos con argumentos cronológicos, como si lo hecho antes de 1934 no tuviera valor probatorio, lo cual demuestra que quiere eludir la justicia y que se toma el expediente a título de inventario.
Luego, el encausado intenta aparecer como apolítico, basándose en la ficha del Comité de Casas en época roja, en el informe del señor Delgado Barreto, en el que dice ser adicto a la dictadura del extinto general Primo de Rivera, sin tener en cuenta lo testificado en sentido contrario por su propio hermano Juan Landete Pérez, el presidente del Colegio, señor Coello de Portugal, la carta abierta de José Mayoral y Castrovido en Claridad, tildándolo de republicano de toda la vida, así como la declaración del presidente del Colegio de Médicos, doctor Fernández de la Portilla, que informó sobre la amistad “con el nefasto Azaña”, o la lista del médico rojo Francisco Aro, que lo pone como rojo entre los médicos de Madrid.
En la segunda imputación sobre su vida poco ejemplar se basa, para contradecirla, en el testimonio del odontólogo doctor Carlos Heras, que liberado en Robledo de Chavela fue expulsado luego del Hospital de las Nieves de Ávila “… por lo que fuera…”.
Sobre su religiosidad, aduce varios testimonios, por ejemplo, don Fernando Caballero dice no saber nada del asunto, y los odontólogos García de Uña, García Pérez del Villar y Bascones le acusan de irreligioso.
Refiriéndose a don Florestán Aguilar, emplea el término extinto, y no difunto, lo cual demuestra cuál es el sentido que da a la vida y a la muerte, y cómo explica ese trascendental problema (¿…?).
Niega haber ayudado a los obreros revolucionarios del 34, pero confiesa que ha tenido una confidencia personal de un ayudante muy íntimo del encausado (del que no da el nombre para no comprometerlo) donde confirma el cargo.
Llega a compararse en este asunto a San Francisco Javier. Aquí, Salamanca se permite un sarcasmo y dice extrañarse de que nadie se había dado cuenta en la Facultad de Medicina “de que tuviéramos semejante tesoro”.
De sus declaraciones queda claro que perteneció a los Médicos Liberales y al Socorro Rojo Internacional.
Sobre su liberalismo, quiere saber más que la Iglesia y el propio Movimiento Nacional, y llega a decir que “las ideas no delinquen”, lo que suena a Libertad, Igualdad y Fraternidad o, lo que es igual, a Masonería.
Sobre su rivalidad con el doctor Aguilar aduce que fue de tipo profesional, pero todo el mundo sabe que tuvo un trasfondo político de enfrentamiento de republicanos contra monárquicos, ya que Aguilar era de estos últimos, y fue de los pocos que les apoyó a él y al doctor Suñer cuando los sucesos estudiantiles de San Carlos.
Frente a la agresividad y procacidad de los landetistas, el doctor Aguilar adoptó una postura digna, bien distinta.
Respecto a la revista Odontología Clínica, que pretende hacer pasar sólo como científica, está claro que tuvo un evidente matiz republicano y político, favorable al Frente Popular.
También es cierto (afirma Landete) que no fue destituido por los rojos —y otra vez emplea la ironía diciendo que cómo iban a rehabilitarle si no le habían destituido—. Aquí es donde se manifiesta la ira que le producían a Salamanca los sarcasmos de Landete y las evasivas habilidosas. “¡Que guarde su fina ironía —dice— para los que tantas atenciones le guardaron… y presente pruebas de prisiones, multas, destituciones y traslados forzosos!” “No se puede admitir como persecución el que la chusma realizase con él lo mismo que en casa del doctor Negrín.”
En el cargo octavo, “vuelve a demostrar otra pequeña ironía que indica lo seguro que pisa el doctor Landete” (esto es lo que más fastidiaba al doctor Salamanca) y analiza sus intervenciones a favor del cura de Colmenarejo (al que ayudó el alcalde y no Landete), del doctor Poyales, de la vizcondesa de Casa Aguilar (liberada por la Federación Dental Internacional y no por Landete), etc.
Afirma también que no es cierto que no colaborara con los rojos, ya que fundó servicios odontológicos en Madrid, en la Alquería del Niño Perdido…, donde dejaba personas de su confianza, y luego, para jugar a dos barajas, se refugió en el Hospital de la Cruz Roja de Valencia y en una consulta privada que le dio para vivir holgadamente.
Por todo ello, concluye que:— “Todos los cargos han quedado probados.
— Don Bernardino Landete Aragó ha sido y es persona de ideas izquierdistas, de mentalidad liberal e inadaptado al Glorioso Movimiento Nacional.
— Perteneció al Frente Popular hasta el 18 de julio y mantuvo amistad con Azaña (aunque haya firmado bajo juramento su apoliticismo).
— Se movió libremente en el ambiente rojo y no colaboró con el Movimiento.
— Deforma la verdad exigida bajo juramento.
— Persona de tales antecedentes, de tal actuación durante la Guerra y en tal actitud hacia la nueva España no está capacitada para la delicada función de educar a la juventud española.
Por tanto, en virtud de los artículos 9 y 12 de la Ley 10 de febrero de 1939, este juez propone a V.E. la separación definitiva del servicio al catedrático de la Escuela de Odontología de la Facultad de Medicina de Madrid, don Bernardino Landete Aragó.
Madrid, 16 de enero de 1940.
Firmado: Enríquez de Salamanca.”
La sentencia estaba dada y así se envió a Ibáñez Martín.
Sin responsabilidadesContrasta la dureza del expediente de Salamanca con los emitidos por otros organismos oficiales que enjuiciaron la conducta política y social de don Bernardino Landete.
Por ejemplo, el 1 de junio de 1939 la Auditoría de Guerra de Ocupación del Ejército de Levante no encontraba “materia delictiva contra éste” en la declaración jurada que presentó el aludido.
No obstante —continuaba la resolución— corresponde al Ministerio de Educación Nacional depurar la conducta del referido funcionario.
Esta resolución fue confirmada por la Auditoría del Ejército de Ocupación de Guadarrama, la cual emitió un informe igualmente exculpatorio el 17 de abril de 1940.
El Juzgado Especial de Depuración del Ayuntamiento de Madrid tampoco encontró materia delictiva en el expediente abierto a Landete como empleado del mismo (médico de la Beneficencia Municipal), por lo que lo declaró “admitido” con fecha 5 de marzo de 1940.
El Juzgado Provincial de Responsabilidades Políticas n.º 2, el 20 de mayo de 1942, también emitió una resolución absolutoria (“que fue declarada firme por haber desistido el Ministerio Fiscal del recurso que a su tiempo interpuso contra ella; habiendo recobrado, por consiguiente, la libre disposición de sus bienes”).
Sin embargo, como hemos visto no le fue tan bien en el ámbito universitario.
El mismo día (16 de enero de 1940) en que el juez instructor, Enríquez de Salamanca, enviaba el informe al ministro Ibáñez Martín en el que pedía la separación de la cátedra a don Bernardino Landete, éste envió a dicho juez una nota suplementaria al pliego de descargos formulados anteriormente.
Las nuevas notificaciones eran:a) El acuerdo del señor juez militar depurador de funcionarios del Excmo. Ayuntamiento de Madrid y el acuerdo de la Comisión Ejecutiva de Personal y del Pleno de la Corporación, sobreseyendo libremente el expediente administrativo, sin cargos, y acordando su admisión como médico de la Beneficencia, sin sanción alguna por considerar inmaculada su conducta profesional pública y privada y su actuación político-social.
Por eso le señala que no sería de derecho que dos organismos dependientes del Ministerio de la Gobernación le absolvieran y que otro organismo, dependiente del Ministerio de Educación Nacional, le condenara.
b) El acuerdo de la Autoridad Judicial Militar del pleno sobreseimiento del expediente de diligencias previas que se le había instruido, lo cual es una prueba más de su inocencia.
c) El informe de los Servicios de Información e Investigación del FET y de las JONS, que también le exonera de cualquier responsabilidad. “Por tanto —dice—, los órganos judiciales, penales, administrativos y políticos (Falange) del nuevo estado declaran mi absoluta identificación con el mismo, y lo limpio y honesto de mi conducta político-social.”
En conclusión —repite—, “no creo aventurado confiar en que los cargos formulados por V.S. quedarán totalmente desvanecidos, o de lo contrario habríamos de suponer equivocados a tres organismos y acertadas ciertas murmuraciones que son la base de las acusaciones que me imputa V.S.”
d) Por último, añadía, “no como prueba de descargo, sino como simple información, lo que piensa un amplio sector de la profesión (odontológica) de Madrid”.
El total de los comprobantes eran:— El de la audiencia de Guerra.
— Expediente favorable del Ayuntamiento de Madrid.
— Expediente de Falange.
— Carta de agradecimiento de la viuda de don Florestán Aguilar (cuando le pidió el retrato para la orla en 1935).
— Manifestación de los odontólogos de Madrid.
— Declaración de un soldado que había vuelto a operar.
— Negativa de adhesión al ejército rojo.
Con éstos se llegaba a la cifra de 47 comprobantes o avales favorables que el profesor Landete presentó en su defensa. La nota suplementaria con el informe de la Falange de Madrid y los demás comprobantes fueron enviados al ministro de Educación Nacional con fecha 7 de febrero de 1941.
El informe de la Falange de MadridEfectivamente, con fecha 14 de enero de 1940, sin tiempo para ser estudiado por Salamanca, para incluirlo con su informe del 6 de enero, llegó a sus manos un oficio de la Delegación Provincial de Investigación e Informes de la Falange de Madrid, de tres folios, en el que se hacía una valoración político-social del encausado profesor Landete.
Según el organismo falangista, existían dos sectores en la odontología madrileña que informaban en sentido contrario, unos, los odontologistas, seguidores de Aguilar, en contra, y otro, los estomatologistas, seguidores de Landete, a favor.
Por tanto, en el expediente subyacía esa eterna rencilla, alimentada más por los grupos concentrados que por los verdaderos líderes (recuerdo cómo Landete recomendó poner el retrato de Aguilar en la orla, en 1935, y la carta de agradecimiento que la viuda de éste le envió).
Da por cierto que había pertenecido a los Médicos Liberales, pero a la vez no le extraña que se diera de baja de dicha asociación al ver el desenfreno, el robo y los asesinatos de los rojos, lo cual le enfriaría fuertemente el fervor republicano y le llevó a declararse sin filiación política en el Comité de las Casas, cuando era tan conveniente, en interés de la propia vida, mostrarse entusiasta del Frente Popular.
Esto no quiere decir que hubiera abandonado sus ideas liberales y republicanas, aireadas por el periódico Claridad a propósito de las amenazas recibidas por elementos izquierdistas con motivo de las oposiciones a odontólogos de Sanidad.
En cuanto a la acusación de haber sido director con graduación de teniente coronel en un hospital en Castellón, queda desmentida por una carta escrita en octubre de 1937 por don Andrés Pesquera en calidad de director de dicho centro.
Respecto a su religiosidad, confiesan que es difícil opinar. Por lo pronto, es cierto que aconsejaba confesarse a los enfermos que iba a operar, también lo es que fue el promotor de la celebración del día de Santa Apolonia por los dentistas.
Sin embargo, señalan, igual que Salamanca, el empleo de la palabra “extinto” en vez de difunto, aunque no le conceden especial importancia. Sí se la dan a la frase “el pensamiento no delinque”.
En resumen —dice el informe—, de lo que no cabe duda es de que el profesor Landete es un hombre de ciencia famoso y eso le ha acarreado enemistades, como suele suceder, las cuales están enredando el asunto.
Lo cierto también es que es de ideología republicana, pero que seguramente disminuyó su fervor el ambiente asesino que presenció en el campo de los rojos, lo cual confirma el doctor Carlos Wernich Gomis, perteneciente al Círculo Tradicionalista Valenciano y a Falange, que ha manifestado: “Cuántas veces le oí decir —a Landete— que sólo cuando operaba podía olvidar la tragedia de España… y cuánto se alegraba de los triunfos de los nacionales, gente de orden que podían acabar con tanta desventura”.
Cuenta también Landete con el aval del alcalde de Colmenarejo, donde ayudó a gente de derechas, y de don Arturo Roselló Pericas, el policía que le protegió cuando se vio amenazado, en julio de 1936, el cual informa del buen trato que daba a las monjas en los lugares donde operaba (y le dio tres pistolas, de lo cual aquí tampoco hacen referencia).
Respecto a su conducta durante la guerra, fue correcta, pues operó a guardias civiles y soldados nacionales, lo cual, incluso, ha molestado a algunos que huyeron de España tras la liberación, como el doctor Mayoral, que desde Colombia escribió una carta al doctor Mañes en la que le dice: “Mucho me alegro de que a Landete no le molesten los fascistas, realmente no deben hacerle nada porque durante la guerra no tomó partido decididamente por ninguno, y hasta ahora que veo mejor las cosas me parece que nos estuvo haciendo sabotaje en los servicios de Odontología Militar de la República”.
No obstante, el delegado provincial de Falange pone a mano una nota sugiriendo que esta última manifestación de Mayoral tal vez no sea válida, ya que pudiera ser una añagaza urdida entre Mayoral, Mañes y Landete para favorecer a este último.
El informe de la Falange ValencianaHay que reconocer que el informe de la Falange madrileña es bastante ecuánime y se acerca al quid de la cuestión sin demasiada acritud y con ánimo comprensivo.
Ya entonces ciertos rectores de la Falange pensaban que había que abrir la mano y recibir, sin represalias, a cuantos, libres de delitos de sangre, desearan colaborar con el nuevo régimen.
Pero no todos los falangistas seguían esa línea de apertura y perdón, por ejemplo, los valencianos, que enviaron a Enríquez de Salamanca, con fecha 1 de marzo de 1940, un terrorífico informe contra Landete que hizo las delicias de su contrincante (más que juez).
Efectivamente, el organismo homólogo valenciano, es decir, la delegación provincial de Información e Investigación de FET y de las JONS envió (a instancias de dicho juez) un informe demoledor.
“Me es grato comunicarle —decía el informador— que hasta 1950, que se trasladó a Madrid, don Bernardino Landete Aragó era adicto e incondicional del Partido Republicano que en Valencia acaudillaba Blasco Ibáñez, y que además tenía ideología y carácter anticlerical.”
Después de 1905, en Madrid se movió en el campo de las izquierdas, aunque con astucia, para no enfadar a su clientela de derechas.
Cuando advino la república, mostró su regocijo y atacó duramente a las personas de derechas.
Era ateo y enemigo de la religión, alegrándose de la expulsión de los jesuitas y de la quema de iglesias.
Ahora dice que promovió la misa de Santa Apolonia, pero en realidad no fue él, sino la Federación Odontológica Española, que le encargó pagarla.
En 1933 votó al nefasto Azaña. En la Escuela de Odontología hizo piña con los izquierdistas Mayoral, Mañes y Trobo. Entusiasta de la FUE. En 1936 votó al Frente Popular. Fundó la revista Odontología Clínica, de carácter izquierdista, como se demuestra en la proclama publicada en julio de 1936.
A partir de esa fecha formó parte de la Junta de Incautación del Colegio y ejerció una labor de presión contra compañeros de derechas, entre ellos contra don Lorenzo del Río y don Luis Esteban, a los cuales hicieron pasar por una checa que existió en los sótanos del palacio de don Florestán Aguilar (Fernando VI, n.º4) incautado por el sindicato de odontólogos, de cuya checa fue admirable asesor.
Se trasladó en noviembre (fue en diciembre) de 1936 a Valencia y organizó voluntariamente un equipo de cirugía maxilofacial en la Alquería del Niño Perdido, al que dio carácter de escuela de odontología y donde dio títulos a elementos marxistas amigos.
Fue nombrado inspector general de la Cruz Roja en la zona marxista.
Llamó asesinos a los nacionales en presencia de los doctores Jara Celma, Barona y otros, y del señor Quejada.
Se reunió en casa del doctor Wernich con los doctores Trobo, Mañes y Mayoral y, según la esposa del anfitrión, Landete expresaba el temor de que ganarían los nacionales.
En este sentido, manifestó al doctor Garneria su intención, si eso sucedía, de marcharse a Argentina.
Estuvo relacionado con masones como Cipriano Rivas Sheriff (cuñado de Azaña), Altarriba, Simón Marco, Brotons Bonet (odontólogo), Fornos Casanueva.
En la lista de Valladolid figura como masón. Al ver claro el triunfo del Caudillo atendió, para hacer méritos, a guardias civiles y soldados nacionales.
A la caída de Castellón, formó otro hospital en Villanueva de la Jara (Cuenca).
En Valencia trabajó en las clínicas de Brotons y Lafora (por ser éste alumno favorito).
El aval que presenta de la Iglesia de la Virgen de los Desamparados es falso, pues el párroco dice no conocerlo.
En resumen: “Don José Rosa Meca, falangista desde 1934, delegado de Sanidad de Valencia de FET de las JONS y teniente del Ejército Nacional; el doctor Moreu, secretario provincial de Sanidad; el doctor Garneria, inspector del Colegio de Odontólogos de Valencia; el doctor Carlos Villanueva, el doctor Sisamón Zubillaga, delegado de los servicios odontológicos de FET y de la JONS de Valencia; el doctor José Segovia y don José Pérez Balaguer, los cuales han dado datos para elaborar este informe, consideran que don Bernardino Landete Aragó es una persona de moral bajísima y rastrera, de política de izquierdas, mal español y hombre indigno de cargo público, considerándole hostil al Glorioso Movimiento Nacional, dejando aparte la probada personalidad profesional y reconociendo su valor científico en el mundo entero”.
Semejante sarta de dicterios debió llenar de satisfacción al señor juez instructor, harto de las ironías, evasivas y avales de Landete.
Tan contento se puso que se lo envió, el día 6 de marzo, cinco días después de recibirlo, al doctor Palanca, director general de Sanidad, y el 31 de diciembre, al propio ministro, con una nota personal que decía:
“Excmo. Sr. D. José Ibáñez Martín
Distinguido y respetado amigo:
Tengo el honor de enviarte una copia sacada de un informe que la Jefatura Provincial de Información e Investigación de FET y de las JONS de Valencia envió a este juzgado depurador, referente al catedrático de esta facultad de Medicina, don Bernardino Landete Aragó, que en fecha 6 de marzo del corriente fue enviado un testimonio del mismo a este Ministerio para la inclusión en el expediente del señor Landete que ya se había elevado con la propuesta correspondiente en fecha 16 de enero, con el fin de que conozca v. personalmente los puntos que calza dicho señor y el valor que puede darse a sus muchos avales.
Suyo Affmo.: Salamanca.”
Los odontólogos y LandeteUno de los hechos más insólitos del expediente de depuración de Landete, y creo que excepcional fue la presentación de un “comprobante” o aval de un numeroso grupo de odontólogos pidiendo la reincorporación del encausado a su tarea docente y profesional.
Efectivamente, el comprobante n.º 45 se titula “Manifestación que hacen los odontólogos que suscriben para unir al expediente del doctor Landete Aragó”.
Comienza el manifiesto recordando los discursos donde el Caudillo ha manifestado a los españoles que no se demoren en reincorporarse a sus puestos para reconstruir España.
“En nuestra profesión —añaden— es lamentable que nuestro maestro, Landete Aragó, permanezca en entredicho por mezquinas pugnas y antiguas luchas profesionales.
[…]
Así pues, los que suscriben hacen constar que jamás han conocido en el doctor Landete actividad política alguna.”
Por lo tanto, “creemos que es urgente verle en su puesto por el bien de su enseñanza, por los pobres enfermos y muy particularmente por los mutilados de la cara y boca, que están esperando sus hábiles manos para incorporarse a la vida social y, en una palabra, por el prestigio de la profesión”.
Los firmantes eran 63, como reconoció el propio juez el 27 de enero de 1941.
Los identificables (algunas firmas resultaron ilegibles) fueron: Rodolfo Vázquez (su hermano estaba exiliado en Europa), María Jesús Benítez (antigua auxiliar), Mercedes García Cresten (Kresten), Carlos Galán, E. López Durán, V. García Laguardia (ayudante personal de Landete, jefe de laboratorio de le Escuela de Odontología e integrante, durante la guerra, del equipo que trabajó en el Hospital Clínico), A. Pascual, Antonio… (ilegible), Rosina M. Piera, Francisca Puig (ayudante en la Escuela), Amaro Piña, … (ilegible), Luis Arreses, L. Gavarret, Abarca, Luis Rodríguez, M. Montoll, Tomás G. Díaz, Eugenia Dagnino, Ángel Ballesteros, Jesús Caramés, Fernando G. Martino, Marcial Escobar, Miguel del Palacio, … (ilegible), Augusto Bartack (implicado en el expediente a don Juan Mañes), Sáenz de la Calzada (supongo que Isaac, sospechoso como hombre de la Institución Libre de Enseñanza), M. Velasco, José Olano, Lorenzo Castillo, S. Cruz Carrasco, Epafrodito Martínez, … (ilegible), Marcelino Arronte, José Escudero Tellechea, Gabriel Har, … (ilegible), José Calvo, … (ilegible), F. Caballero, Juan Carmona, José Prado Valtierra, Vicente Pintado, … (ilegible), Ramón… (ilegible), … (ilegible), … (ilegible), J. Pascual Casanova, Pedro Zuloaga Martínez, Luis Gil Arronte, Antonio Cervera y José Prado Núñez.
Sesenta y tres firmas defendiendo a Landete y pidiendo su incorporación a la enseñanza y a la vida profesional plena.
Hacía falta ser valiente en aquellos momentos para poner la firma en un documento de apoyo a una persona acusada de “desafección”. Sobre todo, aquellos que también tenían algo que hacerse perdonar.
Tales eran los casos de Rodolfo Vázquez, hermano de un exiliado y él mismo implicado en la organización y el funcionamiento del Hospital de Cirugía Maxilofacial de la Alquería del Niño Perdido, en Burriana (Castellón).
Igualmente sospechosos eran Antonio Cervera, José Prado Núñez, María Jesús Benítez, Mercedes García Kersten (no Cresten), Escudero Tellechea, etc., por haber colaborado con Landete en el Instituto Rubio o en la Consulta Municipal del Distrito de Palacio y haber sido personas destacadas en la Odontología Clínica, la revista landetista y republicana.
Por ese motivo no figuran profesionales muy amigos de Landete, como José Luis de la Iglesia, que debía hacerse perdonar su colaboración con el ejército rojo en Madrid y Barcelona, Alfageme Bordon, Tintoré Pesquera, y mucho menos Juan Mañes o Pedro Trobo, también expedientados.
Naturalmente que la profesión seguía dividida. Enfrente estaban los odontólogos de derechas, los perseguidos en el Madrid rojo, los que tuvieron que esconderse o evadirse de la capital, los que sirvieron en el ejército nacional o los que, simplemente, eran personas conservadoras o religiosas.
Éstos, al acabar la guerra, se incorporaron a la enseñanza en la Escuela de Odontología, se hicieron con el Colegio de Odontólogos, creando primero una junta gestora (presidida por Coello de Portugal) y luego una junta de gobierno propiamente dicha cuyo primer presidente fue Carlos Losada Agosti y tuvo como vicepresidente a José Alonso Pérez, secretario, Antonio Bascones; tesorero, Miguel Sáenz de Pipeon y Tejada (en los antípodas de su primo Isaac Sáenz de la Calzada) y como vocales a Mariano Álvarez Domínguez y Alfonso Ferrer Pérez.
En la Escuela estaba de director García de Uña, al que sucedió don Pedro García Gras. Se incorporaron Juan Landete, como jefe de laboratorio, igual que Pelayo García Laguardia, Gómez Jara, Losada, Zabala (cuñado del ministro de Hacienda Larraz), Casas Fe (profesor auxiliar de Odontología segundo curso), Aguado Cid, Caballero Santero, Pérez Gómez, López Viejo, García Pérez del Villar (Odontología segundo curso), González Pérez.
Quienes hacían Cirugía Maxilofacial entonces eran (en Madrid) el doctor Sánchez Galindo, comandante médico y jefe del servicio de Cirugía Plástica del Hospital Militar de Carabanchel (luego Gómez Ulla); Losada Agostí, del Hospital Provincial y García del Villar.
El contraataque de SalamancaEl 7 de febrero de 1941 el juez instructor envía un oficio al Ministerio en contestación a los nuevos avales recibidos.
Ni la aportación del informe de la Falange de Madrid ni los otros comprobantes convencieron a Salamanca, es más, le irritaron profundamente, como demuestra su descalificación del primero, al que tilda, en alguna ocasión, de pueril.
En cuanto a las firmas, las despacha diciendo que no cree que tengan ningún valor, puesto que “rezuman democratismo y coacción a la Autoridad”.
A lo que sí da importancia es al informe de la Falange de Valencia, recordándola al ministro cómo ya se lo había mandado y, para refrescarle la memoria, pasa revista a todas las acusaciones que en él se vierten.
“En resumen —termina— no se niega el valor científico y profesional del doctor Bernardino Landete Aragó. Lo que se niega y se prueba hasta la evidencia es un espíritu y conducta frentepopulista y antiespañol en nuestro Glorioso Movimiento Nacional y antes de él, su incapacidad para las delicadas funciones docentes y educadoras de la juventud. Sería de lamentar que se intentara abocar esta segunda Guerra de la Independencia a unas segundas Cortes de Cádiz.”
Así pues, implícitamente, el juez instructor seguía aconsejando al ministro que no se permitiera el reingreso de Landete en la enseñanza.
Puede verse en esa postura un tanto de obcecación y un mucho de empecinamiento.
Aun cuando alguien tan bien informado como Pérez Peña (Exilio y depuración política en la Facultad de Medicina de San Carlos) reconoce méritos y valores científicos en Enríquez de Salamanca, amén de honradez y rectitud, lo hechos a veces no confirmas estas apreciaciones.
La realidad es que no se siguió el mismo criterio con otros catedráticos.
Los expedientes de Jiménez Díaz y Marañón (éste comprometidísimo con la República) destilan favoritismo y manga ancha. A pesar de sus “pecados” se les recibe con los brazos abiertos y las máximas deferencias.
Sin embargo, a don Teófilo Hernando también se le trató duramente y sólo se le rehabilitó días antes de jubilarse. Como a Landete.
Continuación y final por consunciónDe poco servía que Landete hablara de “Glorioso Movimiento Nacional” y terminara sus alegatos con vibrantes “¡Arriba España!” y “¡Viva Franco!”. En 1942 aún pide el ministro de Educación Nacional informes al Archivo de Salamanca sobre la pertenencia de Landete a la Masonería, y recibe, el 17 de septiembre, un informe negativo.
La Comisión Superior Dictaminadora se declaró extinta el 30 de enero de 1942, siendo sustituida por un juez superior de Revisiones.
En 1943 se dio por finalizada la depuración, coincidiendo con la entrada de la LOU (Ley de Organización Universitaria).
El 16 de enero de 1946 fue resuelto el expediente de depuración con la victoria de don Pío Zabala y de don Fernando Enríquez de Salamanca, condenándole a la separación de su actividad universitaria.
Bien es cierto que “estaba en la calle”, como dijo Enríquez de Salamanca, que atendía la consulta de odontología del Distrito de Palacio su clínica privada en Barquillo, 4 (su hermana, doña Josefina lo hacía en Calvo Sotelo, 9, y su medio hermano, Juan Landete Pérez, en Alcalá, 30), y además cobraba el 50% del sueldo de catedrático.
No era una situación envidiable. Sin duda, le recortaron un porcentaje muy alto de su actividad científica, académica e investigadora.
El Instituto Rubio había desaparecido volatilizado durante la guerra y no encontró sitio en la Clínica de la Concepción de Jiménez Díaz, que en cierto sentido lo continuó (quien sí trabajó allí fue su hijo, Felipe Landete).
Las puertas de la Escuela de Estomatología se le cerraron, a él que fue el abanderado de la idea estomatologista.
Otro hombre, diametralmente opuesto en lo ideológico, el católico y conservador don Pedro García Gras consiguió la aparición del título de licenciado y doctor de Estomatología en 1948 y reconstruyó la Escuela de Odontología, destruida por la guerra, convirtiéndola en Escuela de Estomatología.
Pero en ese proceso Landete no fue protagonista. Le faltaba también la Odontología Clínica e incluso la FOE y la SOE habían desaparecido, lo mismo que sus colaboradores, también relegados, Antonio Cervera, Alfageme, etc.
Y no digamos los Mayoral, don Pedro y su hijo José, Mañes, Trobo, Cadenas Rubio.
No obstante, su prestigio “interno”, el de sus compañeros y discípulos siguió siendo muy alto. De hecho, ya en 1945 intervino en actos profesionales y pronunció conferencias en el Colegio y en la propia Escuela de Estomatología.
Pero “desde arriba” habían congelado su expediente.
Como gran ironía, esa congelación se derrite en agosto de 1949.
Efectivamente, un oficio del director general de Enseñanza Universitaria, trasladado al rector y al decano, daba por resuelto el expediente administrativo incoado por Orden 24 de octubre de 1939a don Bernardino Landete Aragó, y le reintegraba a su cátedra, con los haberes que, por su calsificación escalafonal le correspondieran, pero con pérdida de los haberes dejados de percibir durante la tramitación del expediente.
Habían transcurrido casi exactamente diez años. Landete tenía, al comenzar la depuración, 60 años; ahora llegaba a los 70 años, es decir, a la jubilación. Le habían perdonado justo antes de jubilarse, cosa que ocurrió el 12 de octubre de ese año (Orden de 14 de octubre de 1949. Boletín Oficial del Estado, n.º 298, 25 de octubrre de 1949, p. 4.501). “La Historia e finita”.
Consideración pública y profunda hipocresíaDon Bernardino Landete acudió como congresista al XIV Congreso Nacional de Odontología y I después de Aguilar, celebrado en Madrid, en 1945, en la Escuela de Odontología. No presentó ninguna ponencia ni trabajo alguno.
Sin embargo, en el siguiente congreso nacional, el XV, y II después de Aguilar, celebrado en mayo de 1947 en Barcelona, don Bernardino Landete es nombrado presidente de la sección tercera “Odontoestomatología” (secretario: Fernando Caballero Santero, vocales: Braulio García de Uña, Shermont, José Font Llorens, Antonio Bascones Pérez, Amado Serraller, Francisco Campderá y Luis Visiedo.
En 1950 publicó, en el Boletín de Información Dental, n.º 166, 2.ª época, “Extracción de dientes difíciles con ayuda de torno y fresas”, pp. 7-14.
En el XVIII Congreso Nacional de Palma de Mallorca, celebrado en mayo de 1956, dictó una conferencia sobre Periodoncia, en la segunda sección, Estomatología Quirúrgica. En la misma sección intervino Rosa Meca (que fue presidente del Colegio de Odontólogos de Valencia y que tan mal le puso en el informe que la Falange valenciana envió a Enríquez de Salamanca).
Ya estaba jubilado y la pasión se había consumido.
El homenajePero, de repente, la noticia de su jubilación —dice el Boletín de Información Dental, órgano del Consejo General de Colegios— suscitó, en un grupo de amigos y antiguos discípulos la idea de ofrecer un homenaje a tan ilustre figura de la odontología española.
Efectivamente, se organizó una comisión, integrada por los doctores Bernardo Martínez Gil (presidente del Colegio de la Primera Región), Luis Subirana (también hombre influyente en el Colegio, donde ocupó diversos cargos, incluido el de presidente), don Vicente Pintado y un alumno de cada una de las promociones que había cursado el doctor Landete a lo largo de su vida académica.
Por lo pronto, la Comisión le dio una gran publicidad al homenaje, pues se anunció en la radio y en la prensa para que se enteraran los profesionales de toda España.
Y así, el 9 de diciembre de 1949, comenzaron los actos con una misa celebrada en la capilla de la Escuela de Estomatología de la Ciudad Universitaria, que no dio cabida al gran número de personas que acudió.
La misa estuvo presidida por el decano de la Facultad de Medicina, don Fernando Enríquez de Salamanca (ya tiene bemoles la cosa), por don Pedro García Gras, director de escuela (otro amigo), el doctor Espejel, presidente del Consejo General de Colegios de Otontólogos (con lo que había habido entre ellos).
Landete debió encontrarse a gusto al lado de sus “amigos”, que ahora, para colmo, presidían su homenaje.
Terminado el Santo Sacramento, los asistentes se dirigieron hacia el Aula Magna, donde escucharon una lección magistral del antiguo maestro, titulada “Odontitis penetrante y sus complicaciones”, que fue muy aplaudida.
Seguidamente, en el mismo marco se desarrolló una sesión clínica donde se examinaron numerosos enfermos aquejados de osteomielitis, neuralgias, cordales patológicos, anomalías congénitas, etc. Landete, siguiendo su costumbre, llamó a varios asistentes para que diagnosticaran los casos y luego confirmó o rebatió el diagnóstico.
Posteriormente se celebró un banquete al que asistieron más de 250 comensales, en el que la crónica no cita al profesor Salamanca. ¡Hubiera sido demasiado!
Sí estuvieron García Gras, por la Escuela; Mallol de la Riva, presidente del Colegio de la Primera Región; el profesor González Campo (el único maestro del homenajeado con vida) y el doctor Espejel, por el Consejo.
Para cerrar el acto y consumar la hipocresía, Landete dio las gracias a todos y dedicó un recuerdo emocionado a todos los profesores muertos, especialmente a don Florestán Aguilar. ¡Lo que hay que ver!
Pero, en fin, fue una pequeña compensación, don Bernardino Landete pudo al fin entrar por la puerta grande en la Escuela de Estomatología que siempre soñó, dio una clase teórica y otra práctica y tuvo a su lado a sus peores enemigos.
España y yo somos así. Para colmo, el director del Boletín de Información Dental, que inauguraba etapa y nombre, era Fonseca Llamedo, nada menos que el creador de la Periodoncia en España.
En el Congreso de 1960, presidido por don Antonio Baca, se le incluyó entre los miembros de Honor.
MuerteFalleció Landete el 14 de febrero de 1968, a los 88 años, y otra vez fue el Boletín de Información Dental, ahora dirigido por Manuel Espejel, quien dio la noticia y publicó un “In memoriam”.
Dice Manuel Espejel (hermano de Gregorio Espejel, presidente del Consejo hasta 1958) que ya llevaba un año muy disminuido físicamente.
Destaca en él su contribución a la cirugía bucal, por lo que la Sociedad Española de Cirugía Oral y Maxilofacial le había honrado con el título de miembro de Honor.
También recuerda su labor en el Instituto Rubio y en la casa de socorro del distrito de Palacio en la calle Princesa.
Se declara discípulo suyo y resalta su labor académica como profesor de prótesis, cirugía, patología bucal, etc., por lo que la Escuela de Odontología le ha puesto nombre a un aula.
Profesor jefe de los Servicios Estomatológicos de la Beneficencia Provincial y Municipal, inspector médico escolar, del Cuerpo Médico de la Armada y Baños (ejerció en los veranos en el balneario de Cestona y en La Toja).
Destaca su claridad, concisión y ojo clínico.
No fue hombre de boato y vida social, ni amigo de camarillas, sencillo, de aspecto retraido y a veces áspero, aunque de trato familiar y paternal, por lo que se hacía querer.
Fue fundador y presidente de la SOE (aquí se equivoca, pues fue de la FOE).
Asegura Manuel Espejel que Landete siempre les dispensó a él y a toda su familia un gran cariño. Sabemos que no fue así. Pero en los homenajes y en los “in memoriam” hay maravillosas amnesias.
Lo que sí es cierto es el pronóstico que incluye al final, cuando asegura que su nombre (el de Landete) perdurará en el recuerdo de sus discípulos... Y algo más lejos, digo yo.,